El “fútbol macho” vive horas de angustia e incertidumbre en Arequipa. Las tribunas del Estadio Melgar permanecen vacías y con puertas cerradas, mientras los dirigentes del fútbol provincial buscan una salida urgente que permita que el balón vuelva a rodar.
El viernes pasado, Raúl Murillo, presidente de la Liga Provincial de Fútbol de Arequipa (Liprofa), junto a directivos de la Liga del Cercado y delegados de clubes, presentaron su protesta ante el Instituto Peruano del Deporte (IPD), dirigido por Sergio Ludeña. El conflicto surge por la aplicación estricta de la Ley N° 30037, que previene la violencia en los espectáculos deportivos y amenaza con paralizar el fútbol amateur.
El problema es que las exigencias para los partidos no profesionales son las mismas que para los profesionales. “Tanto el ITSE como la póliza de seguro no alcanzan a los espectáculos deportivos no profesionales”, explicó Murillo. Mientras un partido profesional moviliza miles de personas, una fecha de la Copa Perú promedia apenas 500 espectadores.
Ante la falta de respuestas del administrador local del IPD, Juan Pedro Quisiyupanqui, la Liprofa recurrió a la Municipalidad Provincial de Arequipa. En contacto con el alcalde Víctor Hugo Rivera, solicitaron su intervención directa ante Ludeña para acelerar la reapertura de los estadios.
El tiempo apremia. La liga del Cercado solo pudo jugar la primera fecha y el calendario marca el 19 de abril como límite para la etapa distrital. Sin una postergación, existe el riesgo de que se queden sin representantes en la etapa provincial.
Mientras los documentos duermen en Lima, Arequipa espera. La ciudad que vio nacer a tantas figuras del balompié nacional podría enfrentar un escenario inédito: que el silencio de sus estadios no sea por mantenimiento, sino por la falta de flexibilidad para comprender que el fútbol de barrio no puede medirse con las mismas exigencias que el profesional.





























